sábado, 25 de junio de 2016

Vuestra Historia, Parte 2 (Elección del ganador)

Hola, qué tal queridas lectoras y lectores, bienvenidxs una vez más a este blog, en el que hoy vais a poder leer las dos mejores historias que se han enviado para el concurso de Vuestra Historia. Espero que os gusten, y que me digáis en los comentarios cuál os gusta más. El lunes subiré el capítulo ganador, que será el que más votos vuestros reciba. 




HISTORIA DE UNA DECISIÓN
María se removió inquieta sobre la silla, tratando de poner en orden sus pensamientos. “¿Qué había pasado?”. Se debatía entre la realidad y lo que parecía una macabra pesadilla. Los recuerdos cruzaban por su mente, derribando su vida como una ráfaga de aire a un castillo de naipes.

Apenas había tenido tiempo de asimilar lo ocurrido, probablemente toda una vida no hubiese bastado. Habían pasado 48 horas desde que su apasionante aventura amorosa acabara trágicamente, pero sabía que tenía que seguir adelante, por Jorge.

El sonido de la puerta quebró su ensimismamiento. El detective entró con paso firme y se sentó frente a ella. María alzó la vista. Ante ella vio un hombre corpulento, bien entrado en los cuarenta, cuyo pelo canoso enmarcaba una cara impecablemente afeitada y surcada de arrugas. Buscó un atisbo de calidez en su mirada, pero sólo encontró un gesto serio y una mirada inquisitiva, como si aquel desconocido pudiera ver a través de esa muchacha y de sus ojos enrojecidos.

La mirada se prolongó durante un largo período de tiempo, durante el que María trató de contener la respiración. Finalmente, el detective desvió su vista de María para posarla sobre el vaso de agua que tenía delante, lo apuró con parsimonia y habló:

“—María, me llamo Darren, estoy aquí para ayudarte, necesito que me cuentes todo lo que viste—carraspeó—. Sé que es duro, pero debes tratar de recordar hasta el más mínimo detalle, ya que podría ser importante.”

María continuó contemplando a Darren, sin duda hubiera comenzado a hablar de no haber sido por el nudo que se había instalado en su garganta. Estaba segura de que si trataba de abrir la boca, rompería a llorar, como había hecho sin cesar durante los últimos dos días. No había dicho ni una palabra, a pesar de que su madre le había acompañado en todo momento, y seguramente estuviera esperando detrás de aquella puerta.

Parece ser que el detective leyó sus pensamientos, porque extendió su mano para colocarla sobre el brazo de María, levemente al principio, pero con firmeza después. María se sintió reconfortada por su calidez, de modo que intentó esbozar una sonrisa que más bien pareció una mueca, dada su cara roja e hinchada por los incesantes llantos.
“—Yo ... yo, yo no he hecho nada.”

Su hilo de voz se perdió entre el silencio. Ella agachó la cabeza y esperó. Sin embargo, el detective permaneció en silencio. Tras unos segundos que pudieron ser horas, María se armó de valor y comenzó a relatar todo lo ocurrido.

Habló de lo que encontró al llegar a la casa de Jorge, del cuerpo aún caliente sobre el suelo del salón, de la alfombra encharcada en sangre, de la extraña mujer que les visitó el día anterior, de su relación con Jorge, de sus paseos por South Kensington y sus escapadas a Covent Garden, de sus planes de vacaciones en Milán y de todos y cada uno de los recuerdos de Jorge que quedaban en su vida. Descubrió que el dolor desaparecía cuando hablaba así que trató de alargar su testimonio al máximo. Cuando terminó, María se recostó contra la silla y rompió a llorar. Aunque esta vez pudo recomponerse rápido.

Darren no se movió ni un ápice durante todo el relato. Parecía una estatua, pero sus ojos delataban que escuchaba con atención. Sólo cuando María terminó de hablar, Darren extrajo un bloc de notas y un bolígrafo de su chaqueta y comenzó a escribir. Llenó varias páginas con una caligrafía pequeña y ordenada antes de cerrar el bloc y guardarlo de nuevo en su chaqueta. Entonces procedió a contar a María lo que tenían hasta el momento, el testimonio de un vecino que aseguraba haber visto a una joven corriendo envuelta en sangre, el cuchillo encontrado en el contenedor como el propio vecino les había mostrado, y el desordenado relato de una huida a toda velocidad por Holborn, donde perdió el rastro de la misteriosa joven.

El detective busco un atisbo de reacción en la muchacha, pero María no se movió. No sabía cómo encajar la historia. Nadie podría haber imaginado que la visita de una joven aparentemente trastornada iba a desembocar en semejante tragedia.

Bien entrada la noche, María estaba tumbada en su cama, incapaz de recordar el resto de la conversación que había mantenido con el detective. Lo único que no podía eliminar de su memoria era la voz de aquella chica. La voz de la persona que le había arrebatado lo que más apreciaba en el mundo. Entonces se juró a si misma que la encontraría. Encontraría a la chica y escucharía sus explicaciones, sus disculpas y sus súplicas. Sobre todo sus súplicas. Aunque tuviera que arrancárselas.
FIN DEL CAPÍTULO

OTRA VIDA
Era de noche, Lucía estaba sentada en una mesa de un bar de mala muerte situado en Dios sabía dónde, la única certeza que tenía la joven era que se encontraba en Australia. Había pisado por primera vez esa tierra hacía ya varias horas, y haciendo autostop había avanzado por carretera hasta que la habían dejado en aquel lugar.

Aún no podía creerse lo que había hecho, había matado a alguien, ahora era una asesina. Sí, ella estaba convencida de que Jorge se lo había merecido, la había engañado y humillado, y no solo a ella, suponía que lo habría hecho con muchas otras más antes.

Pero no era tonta, sabía que nadie aparte de ella entendería que lo hubiera matado, que hubiera arrebatado una vida. Ni sus padres, ni sus amigos y muchos menos la policía.

Sin remediarlo las lágrimas recorrieron sus mejillas, su vida tal y como la conocía había terminado, ahora empezaría otra vida para ella. Con unas manos temblorosas se limpió el rostro de lágrimas y bebió un sorbo de su bebida, no solía beber alcohol, pero en ese momento necesitaba beber algo fuerte.

Las manos le temblaban tanto que casi dejó caer el vaso sobre la mesa.

—¿Estas bien, cariño? —la camarera se le había acercado al verla llorar—. ¿Necesitas ayuda con algo?

Lucía se defendía bien con el inglés, pero no estaba acostumbrada al acento australiano y algunas palabras se le escapaban, pero la cálida mirada de la camarera fue suficiente para hacerla comprender que quería ayudarla.

Lucia hizo un gesto con la mano para indicar que se encontraba bien y, con una sonrisa, la camarera volvió a su trabajo. Pero antes de que la camarera llegara hasta la siguiente mesa a servir, un hombre entrado en años, completamente calvo, y que disfrutaba en solitario de una botella de whiskey alargó su brazo y le pellizcó el culo con la mano.

La camarera se volvió sorprendida y un ligero rubor apareció en sus mejillas, el hombre que le había tocado el culo se limitó a sonreír como un bobo, seguro de su derecho a actuar de tal manera, pues él era el cliente y la mujer, una simple camarera.

A lucía le hirvió la sangre al ver aquello, no pudo sino recordar la humillación que había sufrido al ver al hombre que había amado engañándola con otra mujer. ¿Acaso era que todos los hombres pensaban que tenían el derecho a reírse y humillar a cada mujer que se cruzara en su camino?

Entonces observó que el calvo se levantó de su asiento y tambaleante, cual borracho, desapareció por la puerta trasera del bar, sin duda alguna a aliviar la vejiga en uno de los retretes situados fuera del lugar.

Lucía entonces reunió todo el coraje que pudo y le siguió. Estaba dispuesta a hacer que ese cerdo volviera a adentro y se disculpara con la pobre camarera por el mal rato que la había hecho pasar.

Al salir y acercarse a los retretes se lo encontró de pie frente a uno, acaba de terminar y se abrochaba la bragueta.

—¡Eh, tú¡ ¡Entra ahí de nuevo ahora mismo y discúlpate por lo que has hecho! —dijo Lucía con todo el convencimiento que pudo.

El calvo no pareció prestarle atención, estaba tan borracho que se bamboleaba de un lado a otro y los ojos le brillaban. Lucía comprobó que vestía una chamarreta vaquera y que en un cinturón guardaba un cuchillo, parecido al que le había visto llevar al protagonista de la película “Cocodrilo Dundee”.

—Aparta —fue lo único que pudo entender que le dijo antes de que soltara un sonoro eructo y la empujara contra la pared.

Estaba furiosa y temblaba de los nervios. Volvió a su mesa y se bebió lo que le quedaba de bebida de una vez. Después de lo que había hecho en Londres, la policía encontraría la manera de dar con ella. Además no había pensado bien sus movimientos y quizás había dejado algún rastro que los llevara a Australia. Si hubiera visto más series policíacas... Así que tomó una determinación, el tiempo que le quedara de libertad, lo usaría para acabar con aquellos hombres que no respetasen a las mujeres. Si había matado a su propio novio, no le costaría hacerles lo mismo a otros.

Dejó en la mesa un billete de los que había conseguido cambiando sus ahorros por dólares australianos, salió del bar y esperó en el callejón contiguo hasta que el borracho apareció por la puerta. Esperaba que no pudiese recordarla debido al alcohol.

—Oye —llamó al hombre, que se giró como pudo—. Oye, tú...

El calvo puso cara de pocos amigos, y torció el gesto cuando Lucía se acercó a él.

—¿Qué coño quieres...?

Pero Lucía no le dejo acabar la frase. Con rapidez le quitó el cuchillo que llevaba a la cintura y se lo clavó en el cuello, y repitió el movimiento varias veces más, mientras el hombre se llevaba las manos a las heridas, de las que brotaban chorros de sangre. El hombre cayó muerto a los pocos segundos a los pies de Lucía, que lo arrastró hasta una esquina llena de cajas con unas botellas vacías. Lo escondió como pudo y se intentó limpiar la sangre con algunos trapos viejos que cubrían las cajas.

Lo había vuelto a hacer, había quitado otra vida. La de otro cerdo, y había decidido que no sería el último. Tendría que tener cuidado, pensar bien cómo llevar a cabo los asesinatos, no dejar pistas... Pero sobre todo, tendría que encontrar a esos hombres que se creen por encima de las mujeres y dejan de ser hombres, para convertirse en animales.

Y Lucía había dejado de ser la antigua y dulce Lucía. Ahora se convertiría en una cazadora de animales. Había dejado de temblar.

Pascual abrazaba a su madre mientras esta lloraba desconsoladamente. Estaban enterrando a su hermano, Jorge, su querido hermano pequeño, cuyo cuerpo acababan de enviar desde Londres a España. Por lo que la policía le había contado, había sido brutalmente asesinado en su propia casa y todas las pistas apuntaban a que la asesina había sido su novia, Lucía, en un ataque de celos, la policía también le había dicho que el ultimo rastro que tenían de la joven era un vuelo a Australia, que era un país sin tratado de extradición con España.

Con palabras educadas le habían dicho a Pascual que harían todo lo que estuviera en sus manos para atraparla. Pero mientras Pascual veía llorar a su madre tuvo la convicción de que si quería que se hiciera justicia con su hermano debería encargarse él mismo.

Cogería el primer vuelo que saliera para Australia y encontraría a la mujer que había matado a su hermano, la detendría y se aseguraría de que pagara por sus crímenes. Se encargaría de que se hiciera justicia.
FIN DEL CAPÍTULO

Y esto es todo por hoy, espero que os haya gustado, espero vuestros votos en los comentarios, y el lunes tendréis el capítulo ganador, y las fechas para enviar el próximo capítulo. 
Feliz fin de semana, felices lecturas, y hasta la próxima.

11 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por votar por el de Dario y mío ^^
      - José, coautor junto a Dario de "El Buscador".

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    1. Muchas gracias por el voto, espero verte la próxima vez participando Laura

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  3. Hola Isma! Pfff esta decision esta bastante dificil, ambos relatos me han gustado bastante, pero el segundo me ha dado un poco de mal rollo asi que... ¡voto por el primero el de Historia de una decisión! Tengo curiosidad por saber en donde va a desembocar eso

    Miles de besos, espero impaciente el siguiente♥

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    1. Muchas gracias por votar, me encantaría verte participando en el siguiente. Un beso a ti también.

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  4. OH POR DIOS. EL SEGUNDO.
    En un principio iba a decir el primero pero cuando lo terminé de leer comprendí que el segundo. Lo que hizo Jorge me parece de cabrón, pero no como para matarle; pero el segundo caso es de machista y cerdo asqueroso. Voto por una Lucía asesina :D (soy una feminazi, ¿qué te esperabas? JAJAJA) Así que venga, mi voto va para Otra vida. Aunque debo decir que el título del capítulo no me apasiona, pero el contenido, bua, que maravilla.

    Abrazo kawaii enviándose

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    1. Muchas gracias por el voto (y por el desempate, era necesario). Y tienes toda la razón, el título no es muy bueno, pero sí lo es lo que cuenta.

      Abrazo kawaii a ti también.

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    2. Muchas gracias por tus palabras :) Nos alegra que te haya gustado ^^ si te interesa, tenemos una novela autopublicada que podemos enviarte en PDF/epub :) ya me dices!

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    4. Estaría encantada de leerle. Tengo un montón de lecturas por hacer ahora mismo, por lo tendríais que tener un poco te paciencia. Pero claro que me gustaría leerla ^^ Podéis poneros en contacto conmigo a través del apartado Contacto en mi blog (larosadpapel.blogspot.com.es)
      Gracias y hasta luego

      Sayonara✌

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